El conocimiento que resuelve una falla en planta, el que después se ofrece como consultoría y el que termina dentro de una herramienta que usan miles de personas es exactamente el mismo. Lo que cambia es cuánto trabajo le ahorra a quien lo recibe.
Conversamos con Edwin Guzmán King, especialista en mantenimiento y confiabilidad, sobre esas tres etapas y qué se necesita para dar el salto de una a la otra.
En esta edición:
La formación real empieza cuando algo falla
El salto a la consultoría no lo decide uno
Una alerta no arregla nada por sí sola

Edwin Guzmán King
Fundador de Activo (software de gestión de activos)
Edwin tiene más de dos décadas de trayectoria en mantenimiento y confiabilidad industrial. Se formó inicialmente como Six Sigma Black Belt, construyó su consultora de mantenimiento y desarrolló su propio software EAM. En un momento complicado de su carrera profesional, alguien se refirió a él como #poderoso… y eso se ha convertido en su eslogan personal.
La formación real empieza cuando algo falla
Empezar en mantenimiento con una carrera universitaria rara vez es suficiente: el conocimiento del aula se queda en la teoría hasta que algo se rompe de verdad. La base técnica real se construye después, identificando fallas reales y formándose específicamente para solucionarlas, no memorizando un temario. "No importa la carrera que hayas estudiado, ingeniería mecánica, ingeniería electrónica, lo que sea. La única forma de poner en práctica esos conocimientos era cuando algo fallaba", resume Guzmán King.
Por eso, esa base se construye por cuenta propia, formándose en los fundamentos de la confiabilidad y la mejora continua, incluso antes de que alguien lo pida o lo pague. "Empecé a estudiar, mientras trabajaba, sumamente autodidacta", cuenta. Lo que marca la diferencia no es el título con el que se entra, sino la disciplina de seguir aprendiendo después de haber empezado a trabajar: sin eso, no hay nada real que ofrecer cuando alguien pregunta cómo resolverlo.
El salto a la consultoría no lo decide uno
Aplicar bien un conocimiento técnico no lo convierte automáticamente en algo vendible: se puede seguir ayudando gratis, por comodidad o para no incomodar a nadie, hasta que alguien más lo pide y hay que decidir cobrar por eso. Formalizarse en ese momento, aunque sea dictando capacitaciones los fines de semana mientras se sigue empleado, separa una habilidad aplicada de un servicio real. Lo que sostiene esa transición no es solo el conocimiento técnico, sino la credibilidad de haberlo aplicado primero con las manos: "Yo no nací consultor. Me hice consultor. Fui técnico de mantenimiento, me tocó hacer guardias mecánicas", resume Guzmán King.
Y lo que se cobra en esa etapa tampoco es el contenido, como muchos asumen: es el recorrido. Quien contrata no está comprando una metodología que podría buscar por su cuenta, está comprando no tener que descubrir por prueba y error desde dónde empezar.
Una alerta no arregla nada por sí sola
Empaquetar conocimiento en un producto no elimina la necesidad de una persona que lo ejecute: la reubica, aunque parezca que basta con instalar el software y dejar que avise solo. "¿Qué hace tu software? Te manda una alerta. ¿Y después? Tiene que entrar un técnico a cambiar el rodamiento. Si lo cambia mal, ¿para qué sirvió?", plantea Guzmán King sin rodeos.
El diferencial no está en tener la herramienta técnicamente más completa, aunque sea lo que más impresiona en una demo: está en elegir en qué eje competir. En lugar de sumar funciones, la decisión fue sacar fricción, reducir el tiempo de implementación a horas, cuando lo habitual se mide en meses, algo mucho menos vistoso de mostrar pero con más peso real. No es ser mejor en lo mismo, sino resolver otra parte del problema.
Nota de los entrevistadores: lo que más nos quedó de la charla fue la respuesta a una pregunta simple: ¿qué ofrece realmente un consultor? Edwin no respondió: ¡cursos!, ¡servicios!, ¡confiabilidad! De hecho, la respuesta fue más sencilla y simple: ¡tiempo!
Una formación bien armada ordena en pocas semanas lo que por cuenta propia toma años de prueba y error. Y cuando ese mismo criterio se traslada a una herramienta, la puesta en marcha deja de medirse en meses y pasa a medirse en horas.
Para resumir: el conocimiento técnico es el mismo en las tres etapas. Lo que cambia es qué recibe el otro: primero el problema resuelto, después el recorrido que no tiene que hacer solo, y por último una herramienta que le acorta la puesta en marcha. El fondo es el mismo en las tres: ningún conocimiento técnico sirve hasta que alguien lo ejecuta bien.
Como dice Guzmán King: "Mantenimiento en sí mismo no existe, solo existe cuando un técnico ejecuta algo y ahí es donde lo hace realidad."

Te invitamos a visitar nuestra web para leer más artículos como este » Elreliabilitypost





