Tienes al mejor técnico de la planta. Conoce cada equipo, cada procedimiento, cada síntoma raro que aparece durante una parada no planificada. Lo ascienden a jefe de mantenimiento. Seis meses después, el sector opera igual de caótico, pero con un excelente técnico frustrado en la oficina. El problema no es él. Es que llegó a la jefatura con las herramientas de un técnico.
Conversamos con Danilo Romão, especialista en gestión de mantenimiento industrial y calidad, sobre por qué las metodologías avanzadas no rescatan la operación por sí solas y qué significa realmente aplicar calidad dentro del mantenimiento.
Por qué el rol de jefatura no se resuelve solo con conocimiento técnico
Por qué el RCM, el TPM y el análisis de fallas no alcanzan por sí solos
Cómo la definición más simple de calidad transforma un plan mensual de preventivos

Danilo Romão
Ingeniero de producción con 14 años en la industria y consultor en gestión de mantenimiento para multinacionales de sectores como agro, alimentación, automotriz y energético. Autor del libro Manutenção Centrada em Qualidade (Engeteles), con miles de copias vendidas en Brasil y otros mercados de habla portuguesa. Especializado en TPM, RCM, análisis de fallas y gestión de indicadores como MTBF, MTTR y OEE.

El nuevo jefe de mantenimiento suele seguir trabajando como técnico. Revisa personalmente cada orden de trabajo antes de que se ejecute, corrige el trabajo de su equipo porque nadie lo hace "como debe ser", autoriza cada ajuste de parámetros y, cuando aparece una falla crítica, baja al piso a resolverla en lugar de organizar al equipo que debería atenderla. Para Romão, esto no es una falla de carácter, sino un patrón instalado en la industria: el mejor técnico llega a la jefatura, pero llega sin herramientas de gestión.
Romão advierte que ascender al mejor técnico a la jefatura sin acompañarlo con habilidades de gestión y liderazgo es una de las causas más frecuentes de escenarios caóticos en el mantenimiento industrial.

Cuando el escenario caótico se instala, la reacción típica de las plantas es contratar metodologías más sofisticadas: RCM, TPM, análisis de fallas. Pero Romão observa que, sin planificación estructurada, sin análisis de datos y sin control real de la ejecución, esas metodologías flotan sin sostén. La confiabilidad no se compra con herramientas más avanzadas: se construye con procesos básicos bien hechos.
"La garantía de la confiabilidad no es algo que se obtiene por casualidad. Se logra mediante análisis, definición de estrategias, planificación de acciones y, finalmente, control de la ejecución", detalla Romão.

Aquí llega la propuesta central. Romão parte de una definición sencilla, tomada de la ISO 9001: calidad es definir una especificación y cumplirla. Aplicada al mantenimiento, quiere decir que un plan mensual con 40 preventivos programados debería cerrar con 40 ejecutados en tiempo y forma. Cada tarea que se posterga, se ejecuta apurada o se salta abre una distancia entre lo planificado y lo real, y por eso es un problema de calidad, no un accidente. Las siete herramientas básicas de la calidad —desde una hoja de verificación en el taller hasta una carta de control para el cumplimiento de programación— existen justamente para hacer visible esa distancia, medirla y cerrarla con datos que la operación ya está generando cada día.
"Cuanto menor sea la distancia entre el patrón y la ejecución, mejor será la gestión de la calidad dentro del mantenimiento", resume Romão.
Nota del entrevistador: Lo que me llevo de la charla con Danilo es lo poco glamoroso de su diagnóstico. No propone una metodología nueva, propone algo más incómodo: revisar si las plantas están cumpliendo con las básicas que ya conocen. Es lo mismo que veo en muchas plantas de España — se compra tecnología antes de resolver el proceso que esa tecnología debería sostener.
Para resumir: El aporte central de Romão es contraintuitivo por lo simple: la mayoría de los sectores de mantenimiento no necesita una metodología nueva, sino cerrar la distancia entre lo que planifica y lo que ejecuta. Sin planificación estructurada, indicadores útiles y control real, incluso el RCM y el TPM más avanzados quedan flotando. Con esa base cubierta, el sector empieza a operar desde información y no desde el instinto de la jefatura.
Como dice Romão: "Un plan de mantenimiento vale lo que se cumple de él."

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