Después de la fiebre de 2023, el ingeniero de mantenimiento quedó frente a un panorama abrumador: infinidad de marcas de sensores, esquemas de renta o compra, plataformas on-premise o en la nube, y algoritmos que prometen todo. A esto se suma que entre el 20% y el 70% de los activos críticos de una planta son "difíciles" de monitorear con sensores "de estantería". En ese mar de opciones, elegir bien la tecnología es la diferencia entre el éxito y el fracaso.

Conversamos con Federico Sanchez, ingeniero especializado en el desarrollo de proyectos de monitoreo de condición en toda América, sobre las tres claves que usa para no perderse en ese laberinto de tecnología.

  • Por qué el sensor más caro puede darte datos que no sean confiables

  • Por qué la adopción del equipo, y no la marca del sensor, define el resultado

  • Cómo darle visibilidad al proyecto para que no lo terminen recortando

Federico Sanchez
Head of Sales para América, Maper
Con años recorriendo plantas de toda América, Federico implementa proyectos de monitoreo de condición en sectores tan distintos como la minería, los alimentos y la industria automotriz, conectando la tecnología de sensorización con la gestión real del mantenimiento. Su enfoque es práctico y aplicado: de tanto ver las mismas historias repetirse en países distintos, armó un checklist propio de lo que define el éxito de un programa predictivo.

Se puede seleccionar el mejor sensor del mercado, pero si no está montado correctamente, el dato que obtendremos no será fiable. Para esto es clave entender cuál es la respuesta en frecuencia del sensor, es decir, sus resonancias, para garantizar que sea apto para monitorear el activo o proceso en cuestión. "Muchas empresas compran un sensor, pero no se preguntan si fue diseñado para medir vibraciones o si solo se le agregó una variable", dice Federico.

Su checklist es simple: posición de montaje correcta, bases desmontables, baterías reemplazables, protocolo de comunicación industrial, seguimiento de la infraestructura y medición sincronizada con el activo encendido. Son puntos que parecen obvios, pero que en la práctica es donde más fallan los proyectos.

Una detección casi nunca se resuelve a la primera: hace falta retroalimentación de planta y un equipo que actúe sobre la alerta, cargue la orden de trabajo correspondiente y le dé seguimiento hasta el cierre.

Por eso Federico pone la adopción en el centro. "Capacitar al técnico y al operador genera empoderamiento", dice; sin alguien en planta que ejecute, la mejor tecnología no va a garantizar la confiabilidad de la planta ni evitar la próxima parada no planificada. El éxito del proyecto lo va a garantizar la gestión que realicen supervisores y técnicos de mantenimiento como profesionales.

El mejor programa predictivo muere si nadie percibe su valor. Federico recomienda comenzar en pequeña escala —30, 50, a lo sumo 100 sensores—, crecer por etapas con visibilidad de costos y elegir la modalidad de contratación, renta o compra, más alineada con la planta. Y sobre todo, documentar cada victoria —cada parada no planificada evitada, cada orden de trabajo generada a tiempo— y demostrar el ROI: "el gasto de mantenimiento es el primero que se quiere recortar", advierte, y sin evidencia del retorno, tarde o temprano aparece el financiero a preguntar por qué se invierte en esto.

Nota del entrevistador: Lo que más me quedó de Federico es lo contraintuitivo que resulta viniendo de alguien que vende tecnología: su mensaje es que la tecnología no va a salvar sola a un programa predictivo. Dos de sus tres pilares, la adopción del equipo y la visibilidad del proyecto, no dependen de la marca del sensor. Dependen de la gestión de planta.

Para resumir: Después de la ola de sensorización, el problema ya no es tecnológico, es de gestión. El éxito de un programa predictivo depende de la calidad que se mantenga en la toma y el análisis de datos, de la adopción que se logre con técnicos y operadores, y de la visibilidad que se le dé al proyecto frente a la planta y al financiero. La diferencia invisible entre un proyecto que funciona y uno que no rara vez está en el catálogo del proveedor: está en cómo lo gestiona la gente de planta.

Como dice Federico Sanchez: "Instalar sensores y correr algoritmos no resuelve nada sin la gestión proactiva del equipo de mantenimiento."

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